lunes, 3 de enero de 2011

Él era todo.

Hoy he estado buscando la razón del por qué él fue más que mi vida, sí hoy me lo he vuelto a preguntar al igual que todos los días desde hace dos años. Es que él no era lo que yo busqué ni lo que soñé en la vida pero...
Fue la razón de mis días y mi mayor miedo, miedo a perderle en el intento de tenerle.
Fue cada pensamiento, cada alegría pero sobre todo cada pena...quizás no por su culpa pero si por él.
Nuestra historia es tan difícil de explicar como de entender, porque quizás por ser demasiado inmadura o por no entender lo que sentía fui dejando de ser yo misma. Ese niño fue mi sonrisa más amplia y mi llanto más grave .Fue la cara y la cruz de mi moneda y todas las cartas de mi baraja. Todavía no he entendido como una niña de trece años podía querer tanto y de una forma tan obsesiva. Pude perdonarle lo imperdonable, pude defender lo indefendible, pude comprender lo incomprensible, sí todo eso
pude hacer por una persona que me hacía daño todo el tiempo.
Me quiso, sé que lo hizo pero con el tiempo supe que mi obsesión le daba miedo, le alejaba de mí...probablemente porque con trece años y su vida él ya era mucho más maduro que yo y el miedo a que le agobiase o no le dejase esa libertad le fue alejando poquito a poco. No es cuestión de echarme las culpas porque sinceramente no las tuve, las tuvo todo en conjunto. Porque mi obsesión no era tanta ni tan agobiante y él tampoco es que pusiera todas para estar conmigo.
Aún así, con sus miedos y mis miedos, lo intentamos varias veces pero siempre salia mal. Nunca ninguno entendió por qué ya que éramos tan iguales y de amigos funcionábamos tan tan bien que nunca comprendimos por qué de novios no salían las cosas tan fáciles como parecían. Bueno mucho tuvo que ver la gente pero el querer quizás para unos críos tampoco era suficiente.
Pero con el paso de los días a mi todo me fue machacando porque pobre de mi buscaba la perfección y solo y únicamente para él. No podía mirar más allá de sus ojos ni de su mirada, me cegué en un imposible que no por falta de ganas ni de empeño simplemente algo que era y es imposible. Porque sí, hay cosas imposibles y esta relación lo era.
Ese niño fue todo lo que necesitaba al día para poder estar, era lo único que me lanzaba a despertarme a arreglarme y a salir de casa con ganas de saber que iba a pasar con él y conmigo.
Era todo, absolutamente todo.
Pero me fui, cambié de vida y le olvidé...quizás no como amigo pero sí como dueño de mis días.
Ahora con los días sin verle, creo que ambos lo necesitábamos, nos damos cuenta que se puede olvidar y ser simplemente amigos y de los buenos eeh! Pero ahora no cerramos las puertas a nada pero si esperamos que si un día decidimos volverlo a intentar lo haremos con cabeza e intentaremos no cometer los errores del pasado. Pero bueno por el momento ambos tenemos nuestras relaciones, evidentemente nuestros bonitos recuerdos; porque aunque para mi siempre pareció una tortura, y así era como lo veía la gente, fue maravilloso y tengo mil recuerdos buenos buenísimos de ese niño, de nuestra historia. Y cada uno de esos momentos los guardo muy muy muy dentro para que no se escapen nunca, al igual que los malos no los borro porque gracias a ellos me hice más fuerte pero los excluyo de mi historia con él porque los mejores momentos son los que han hecho que la amistad gane a cualquier cosa y ni rencores ni odios ni nada de nada hagan que lo que desde un principio existía (la amistad) desaparezca.
Porque ante todo ese niño y yo nos hemos querido, nos queremos y probablemente el intentarlo mil veces fue un error del cual, aunque me hizo mucho daño y lloré como nunca he llorado por nadie, no me he arrepentido en ningún momento.
Y la verdad la vida sin él no se está tan mal como imaginé.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comenta pequeña :D