jueves, 20 de enero de 2011

Le quieres.

-Dime qué te pasa.

  -¿Quién dice que me pase algo?

-Lo dice tu cara, pálida como cuando te mareas al intentar olvidar, tus ojos, con esas manchas rojas que solo salen al llorar hasta que se acaban las lágrimas. Tu voz, que rebela que has estado gritando tanto que has perdido toda entonación posible, tus labios, destrozados como cuando te los has mordido tanto ocultando las dos palabras más peligrosas que se le pueden decir a nadie. Tal vez pudiera no darme cuenta de eso si llevaras gafas de sol o si te hubieses maquillado, pero así con los ojos al descubierto veo cosas que me dicen todo, y al fondo de todo, a la derecha, veo un nombre.

   -¿Qué clase de nombre?

-Uno que a mi no me dice nada, pero que es el principio y final de todo lo que haces. Es el nombre que tus labios pronuncian cuando duermes y el nombre que esperas que aparezca en la pantalla de tu móvil cada vez que suena. Es el nombre que esperas que pertenezca a tu vida y el nombre del dueño de esos labios que te vuelven loca cada vez que dicen el tuyo. Parece que tu problema, tiene nombre de hombre. Y que tus malas caras son disgustos de ese nombre.

   -Tal vez para mi no es un problema…

- Puede que no lo sea pero... ¿no será que no quieres que lo sea?

   -Creo que un problema no es, simplemente es un…

-...¿un amor?

   -...un imposible.

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